Osteoporosis y artrosis durante la menopausia

El metabolismo óseo femenino depende de sus hormonas sexuales, por lo que alrededor de los 50 años, cuando se dejan de producir estrógenos que intervienen directamente en la formación y mantenimiento de los huesos, aparecen enfermedades en huesos y articulaciones.

El tejido que forma los huesos se renueva, en un proceso que se llama recambio óseo, con el que se elimina el tejido viejo y se crea hueso nuevo. Si se produce de forma equilibrada, se renueva entre un 5 y un 10% de hueso total al año.

Durante la menopausia, al descender el nivel de estrógenos, el proceso se ve alterado y aumenta el ritmo de pérdida de masa ósea, empeora la calidad del hueso al perder su protección. Uno de los síntomas más temidos de la menopausia es la osteoporosis, aunque también aumenta el riesgo de padecer artrosis.

Este proceso no afecta igual a todas las mujeres, hay diferentes ritmos, aunque hay factores que aumentan el riesgo de padecer osteoporosis. Incrementa en mujeres con antecedentes de osteoporosis, consumidoras de alcohol o tabaco, con vida sedentaria, muy delgadas o que han tenido una menopausia precoz. También aumenta el riesgo haber seguido largos tratamientos con ansiolíticos, hormonas tiroideas o corticoides.

La artrosis también es una enfermedad que depende del descenso de estrógenos durante la menopausia, lo que ocasiona desgaste del cartílago, sobre todo en la columna vertebral, caderas, rodillas y manos. La artrosis afecta principalmente a mujeres a partir de los 45 años. Además de por los cambios hormonales, la artrosis puede ser debida a una deficiencia de calcio y vitamina D.

La artrosis no tiene tratamiento, pero para evitar que los síntomas sean incapacitantes, se recomienda llevar un estilo de vida saludable y hacer ejercicio para mantener en forma las articulaciones, evitando sedentarismo o esfuerzo extremos.

Pruebas para diagnosticar problemas óseos causados por la menopausia

Osteoporosis

Si hay dolor o se ha producido algún traumatismo, las radiografías pueden ser útiles para localizar el problema, aunque no detectarán ningún problema más. Las ecografías permiten detectar inflamaciones de articulaciones y tendones, descartando que puedan ser debidas a la menopausia.

Cuando hay debilitamiento óseo, se realiza una densitometría o prueba DEXA, una radiografía de dosis baja con la que se mide la cantidad de minerales que tiene el hueso. Con ella se detecta si hay osteoporosis, se predice el riesgo de sufrir una fractura y se comprueba si el tratamiento seguido es eficaz.

Se recomienda una densitometría ósea a las mujeres mayores de 65 años, que es el grupo de alto riesgo y a los hombres de más de 70 años. También es aconsejable hacerse una si hay antecedentes familiares de osteoporosis, si se han tenido fracturas después de los 50 años, peso corporal bajo o se nota bajada de estatura.

Artrosis

Radiografías que permitan ver si la pérdida de cartílago ha estrechado el espacio entre los huesos de la articulación.

Resonancia magnética que ofrece una imagen detallada de huesos y cartílago y ayuda a hacer un diagnóstico más completo del daño.

Con el análisis de líquido sinovial que se extrae de la articulación afectada, se diagnostica si el origen del dolor. La analítica de sangre no detecta la artrosis, pero ayuda a descartar otras dolencias.

También es recomendable controlar periodicamente tensión arterial, colesterol y glucosa, para detectar cualquier problema.

Sin embargo, a pesar de todos esos condicionantes, la prevención de la salud ósea depende en gran manera de tener unos hábitos saludables, que pasan por llevar una dieta adecuada, que incluya todos los nutrientes, con la cantidad necesaria de vitamina D, ya que ayuda a absorber el calcio, evitar tabaco, alcohol, sal y hacer ejercicio regularmente.

Imagen: toa heftiba

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