La maternidad y la menopausia suelen darse en momentos diferentes de la vida. La maternidad representa la fertilidad, la crianza, y la menopausia es el declive de esa posibilidad. Sin embargo, algunas mujeres llegan a vivir ambos procesos de manera simultánea, convirtiéndose en madres justo cuando su cuerpo empieza a transitar hacia el climaterio.
Este cruce vital produce una situación peculiar, ya que por un lado, la llegada de un hijo exige energía, disponibilidad y proyección hacia el futuro, mientras que por otro, la menopausia trae consigo cambios hormonales que pueden afectar el sueño, el ánimo y el bienestar físico. Así, mientras la biología anuncia un cierre mientras la vida cotidiana exige apertura y renovación.
Más allá de lo físico, también pesa lo cultural. La maternidad tardía todavía provoca juicios y cuestionamientos, y se asocia a riesgos médicos y a un ideal de juventud prolongada que desafía estereotipos. Lo mismo ocurre con la menopausia, que con frecuencia se describe desde la pérdida y no desde la transformación. Las mujeres que afrontan la maternidad cuando están acercándose a la menopausia, por tanto, se enfrentan no solo demandas corporales intensas, sino también miradas sociales cargadas de estereotipos.
Aun así, esta experiencia puede vivirse con enorme riqueza. La madurez emocional que brinda la edad suele traducirse en una crianza más consciente y reflexiva. Al mismo tiempo, la llegada de la menopausia abre la posibilidad de redefinir la feminidad más allá de la capacidad reproductiva, convirtiéndose en una oportunidad de autoconocimiento y crecimiento personal.
Ser madre al borde de la menopausia puede parecer una contradicción, pero es solo una muestra de que la vida femenina no responde a un único guion. Es un recordatorio de que los ciclos se entrelazan, que la maternidad puede abrirse paso incluso en medio de cambios profundos y que cada mujer tiene la capacidad de reinventarse en su propio tiempo.
Foto: Kateryna Hliznitsova para Unsplash
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