Fatiga crónica durante la menopausia, causas y soluciones

La fatiga crónica, también conocida como síndrome de fatiga crónica (SFC) o encefalomielitis miálgica, es una condición de salud compleja y debilitante que se caracteriza por una fatiga profunda y persistente que no se alivia con el descanso y que, además, puede empeorar con la actividad física o mental. Esta fatiga suele interferir significativamente en la capacidad para llevar a cabo las actividades diarias normales.

Durante la menopausia se produce una disminución en la producción de hormonas como el estrógeno y la progesterona que desempeñan un papel importante en la regulación del ciclo menstrual y en diversas funciones del cuerpo, incluyendo la regulación del sueño y la energía. La disminución de estas hormonas puede inducir una serie de síntomas, incluida la fatiga crónica.

Aunque no se ha identificado una causa única y definitiva del síndrome de fatiga crónica, se cree que es el resultado de una combinación de factores.

Factores que pueden producir fatiga crónica durante la menopausia

Cambios hormonales: la disminución de estrógeno y progesterona pueden afectar a la calidad del sueño y la regulación de la energía, factores que por sí mismos producen fatiga.

Factores biológicos: se han observado diferencias en el funcionamiento del sistema inmunológico, el sistema endocrino y el sistema nervioso central en personas con síndrome de fatiga crónica. Esto sugiere que hay una interacción compleja entre estos sistemas que podría contribuir a la fatiga y otros síntomas.

Trastornos del sueño: las alteraciones en el patrón de sueño, como el insomnio o los despertares frecuentes durante la noche, son comunes en la menopausia y contribuyen a la fatiga diurna.

Infecciones y desencadenantes: el SFC puede haber sido desencadenado por una infección viral o bacteriana. Es posible que una respuesta inmunológica anormal a una infección previa podría contribuir al desarrollo de la condición en algunas personas.

Genética: puede haber una predisposición genética al síndrome de fatiga crónica, lo que significa que algunas personas podrían tener una mayor susceptibilidad debido a factores hereditarios.

Factores psicológicos y emocionales: aunque la fatiga crónica no es simplemente un problema psicológico, el estrés crónico, la ansiedad y la depresión pueden influir en la gravedad de los síntomas y en cómo una persona maneja la condición.

Síntomas menopáusicos: los sofocos, los cambios de humor y las alteraciones en la temperatura corporal pueden interferir con el sueño y provocar cansancio.

Algunos síntomas del síndrome de fatiga crónica

  • Dificultad para concentrarse o pensar con claridad, niebla mental
  • Dolores musculares y articulares
  • Sueño no reparador
  • Dolores de cabeza
  • Sensibilidad a la luz y al ruido
  • Malestar después de la actividad física o mental
  • Problemas gastrointestinales, como síndrome del colon irritable
  • Problemas emocionales, como ansiedad y depresión

Dado que los síntomas del síndrome de fatiga crónica pueden parecerse a los de otras condiciones médicas, es fundamental que un médico haga el diagnóstico adecuado. Tampoco hay cura para el síndrome de fatiga crónica, pero sí hay estrategias para paliar sus efectos y mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.

Medidas para paliar la fatiga crónica

Manejar el estrés, que suele empeorar los síntomas del síndrome de fatiga crónica, por lo que utilizar técnicas de meditación, respiración y relajación o practicar yoga, pueden reducir la ansiedad y mejorar la calidad de vida.

Descansar adecuadamente, estableciendo una rutina de sueño regular y manteniendo un ambiente que ayude a mejorar la calidad del sueño.

Practicar ejercicio de forma progresiva y regular para ir incrementando la resistencia y combatir la fatiga.

Tener una nutrición equilibrada y saludable que proporcione al organismo los nutrientes necesarios que mantengan en estado óptimo el organismo.

Administrar las actividades de manera eficiente, descansando lo necesario para no agotarse.

Apoyo emocional y social, que permitan abordar los aspectos emocionales de la fatiga crónica, como la ansiedad y la depresión. El apoyo del entorno también ayuda a sentirse comprendido y menos aislado.

Terapias complementarias como la acupuntura, los masajes y la fisioterapia pueden ser útiles y complementarios a la medicina tradicional.

Lo importante es reconocer los síntomas, tratar la fatiga crónica de forma personalizada para ajustarse a cada caso en particular.

Imagen:  Molnár Bálint en Unsplash

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